¡Qué estúpido fui! Creí haber llegado a la cima del mundo, pero me hundía en un negro mar, inerte y muerto. Mi cuerpo estaba a merced de unas aguas sucias que me contaminaron, me vapulearon, me ahogaron y me despreciaron. Y así acabé con el cuerpo lleno de moratones y la cabeza perdida. No sólo me fallé a mí mismo, sino a ELLOS. Menos mal que apareció mi sirena para rescatarme justo a tiempo. Ella me devolvió la vida con mimo y paciencia. Por eso hoy sé que siempre podré contar con ella. Pese a mi estupidez.

Texto y foto: LQVMO