Él regresa a casa tras un largo paseo.
Él sale a la calle dispuesto a comerse el día.
Él está cansado y quiere sentarse.
Él tiene tanta energía que se cree inmortal.
Él necesita la compañía de su fiel amigo.
Él todavía está buscando compañía para el resto de su vida.
Él camina en la sombra del otoño.
A él le ciega la luz de la primavera.
Él luce la mirada firme de la sabiduría.
Él lleva la cabeza gacha del aprendiz.
Él sobrescribe su historia con pasos cortos pero seguros.
Él inventa caminos sin pensar en las consecuencias.
Él piensa más en los suyos que en sí mismo.
Él quiere hacer el mundo suyo.

Ambos se encontraron un día paseando por la vida.
Pero no se miraron a los ojos.

Texto y foto: LQVMO