Flores para una cascada
En las frías mañanas de invierno se despertaba temprano para degustar el sabor de la vida recién descorchada. Caminaba delicado sobre el espejo de la laguna, sin llegar a romperlo, sin tan siquiera arañarlo. Acariciaba su superficie con mimosa ternura, miraba con parsimonia el cuerpo serpenteante del valle inundado de vida y besaba cada roca humedecida por el rocío matutino. Podía tararear alguna melodía inventada al compás de sus pasos invisibles, mientras los primeros pájaros se unían a su procesión improvisada. Y cada mañana se metía debajo de la cascada que más enamorado le tenía. Quizá no era la más alta, la más estruendosa, ni siquiera la más popularmente bonita. Pero él quedó apresado por la magia de su belleza intrínsecamente pequeña, magníficamente grande. Desde aquel primer amanecer de los tiempos en que el terreno se fracturó para verla nacer, la cascada despierta cada mañana con un ramo de rosas rojas delicadamente reposado sobre su lecho de piedras orgullosas, mostrando el presente de un admirador secreto que nunca dio la cara, pero sí el corazón.
Nikon D200. Objetivo: Sigma 18-200mm F/3.5-6.3
Longitud Focal: 200mm
Modo de exposición: Manual
Modo de medición: Puntual
1/250 segundo(s) - F/6.3
Sensibilidad: ISO 100
Modo de AF: Manual
Fecha: 14/02/2007. 17:12 h.
Lugar: Lagunas de Ruidera (Albacete)


mixcelaneas dijo
Ya quisiera ser cascada!!! para recibir cada día un ramo de rosas... ;-)
Precioso tu dúo de imagen y letras.
Un beso.
8 Octubre 2009 | 07:31 AM