El río es mi vida. Es la arteria principal de mi mente. No huelo el mar, siempre demasiado lejos en estas tierras de interior. MI vida es el río. Y su fuerza, las cascadas. Puedo intuir su presencia afinando mi oído. Puedo oler su fragancia inundar el ambiente. Puedo sentir su frescor cerca de mí. Un río está vivo: nace, crece, se reproduce y muere. Un río es un ser maravilloso, mágico, envuelto siempre en un halo de belleza. No hay dos ríos iguales; todos tienen su propia personalidad: sosegados, furiosos, lentos, rápidos, tranquilos, grandes, pequeños, ensimismados, revoltosos, juguetones, peligrosos... o todo a la vez.
El río es mi vida. Y mi vida es un río que se desboca buscando un lugar donde despertar su furia. Siempre dispuesto a desbordarse ante el menor síntoma de atadura, de límite, de prohibición, de aplacamiento. Y es que un río nunca vuelve sobre sus propios pasos. Jamás.