El espectro de esta laguna duerme sus noches plácidas a la orilla calmada de aguas muertas. Sus largos cabellos le caen sobre un cuerpo endeble, mortecino, retrocido... Como el de Don Quijote. Sus largos brazos quieren extenderse al cielo, pero no alcanzan ni a rozar el viento, que le mece tempestuoso hasta devolverle a su fragilidad. El espectro de esta laguna cuida de no caer a sus aguas, y cada ocaso vela por la tranquilidad de estas tierras que le han dado de comer y que, poco a poco, le van dando de morir. Porque el espectro de esta laguna está vivo, siente, padece, respira, crece y se mantiene en pie. Lástima que no espante a los mal paridos que tratan de convertirlo en fantasma en nombre del traidor preogreso. Esos no reconocen ni el hedor de la vergüenza.

Cámara: Nikon F65. Objetivo: Tamron 18-105 mm.
Datos fotográficos: desconocidos.
Lugar: Laguna Cueva de la Morenilla (Lagunas de Ruidera).