Olía a romero, tomillo y pino. El aire... frío, cortante. La piel de la tierra, húmeda. Las hojas caían como una lluvia ocre que calaba cada resquicio del suelo. Los peldaños de madera invitaban a seguir adelante. En el ambiente, el halo del sol asomando por entre las ramas, demostrando que, sin él, nada existiría; quizá, sólo la oscuridad. Y con ella, mi destierro. Porque hoy sigo recorriendo estas tierras olvidadas, como mi propia existencia, convencido de que detrás del siguiente horizonte está la meta, aunque sepa que ésta realmente sólo convive con mi imaginación. Y así hasta que el sol muera y las estrellas vuelvan a iluminar el lienzo celestre para recordarme que esta noche, también, vendrá Morfeo. Quizá sea él quien me ayude con mi búsqueda, probablemente, hasta que descubra que, efectivamente, no busco nada. ¿Me acompañas?

Nikon D200. Objetivo: Sigma 18-200mm F/3.5-6.3
Longitud Focal: 18mm
Modo de exposición: Manual
Modo de medición: Ponderada central
1/100 segundo(s) - F/3.5
Sensibilidad: ISO 100
Balance de blancos: Automático
Modo de AF: Manual
Virado: Sepia
Lugar: Nacimiento del Río Cuervo (Cuenca)