"Cuando recibas esta carta, amiga mía, quizá yo esté ya dolorosamente lejos de ti. Quise lanzarte estas palabras cara a cara, pero sabes que siempre fui un cobarde. Así que aquí estoy, aunque sólo sea en forma de letras estampadas vergonzosamente en un acomplejado papel cuadriculado. Nunca fui valiente, y lo sabes. Quizá por eso hoy estás leyendo esta carta que nunca quise escribir. Pero nada ni nadie me puede cambiar. Así que, sintiéndolo mucho..."
Ella levantó su vista empapada en lágrimas al mismo tiempo que replegaba aquel estúpido papel entre sus manos en forma de bola irregular. Miró al frente y pudo ver el cielo arder frente a ella. El viejo campanario del pueblo la observaba con pasmo, como si hubiera podido leer lo que la estúpida carta quería decirle pero ella censuró. Sólo el sol, la nubes envueltas en mil destellos y el campanario olvidado fueron testigos de cómo, con un gesto firme e impasible, se secó las lágrimas, tiró el papel al suelo y convirtió su debilidad en fuerza sobrehumana. Fue así como salió del pueblo con un destino claro: él. Sólo entonces la campana volvió a la vida haciendo retumbar el pueblo entero y el ocaso culminó su lienzo rojizo de pasión etérea.
Nikon D200. Objetivo: Sigma 18-200 mm F/3.5-6.3
Longitud Focal: 200 mm
Modo de exposición: Manual
Modo de medición: Puntual
1/1600 segundo(s) - F/6.3
Sensibilidad: ISO 400
Balance de blancos: Automático
Modo de AF: Manual
Comp. de tono: Más contraste
Saturación: Intensa
Nitidez: Alta
RR ISO alto: Encendido (Normal)
Lugar: Chinchón (Madrid)

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