"Tiéndeme tu mano", le dijo el árbol al cielo. Pero el cielo respondió con un inmenso soplido que desnudó sus altas ramas por completo. Sólo entre sus finos dedos se engarzó una solitaria hoja que lució como anillo de compromiso eterno. El viento le correspondió meciéndose entre sus falanges que le señalaban con anhelo, respetando aquella promesa que nunca cayó al suelo. Fue entonces, aquella tarde que aún recuerdo, cuando el otoño y los árboles se enamoraron en secreto. Que nadie lo ponga en duda por el resto de los tiempos.
Cámara: Nikon D200. Sigma 18-200 mm.
Fotografía: 200 mm. ISO 500. 1/60. F6,3. B/N
Lugar: El cielo del Alto Guadiana una inolvidable tarde de otoño

Te creo, jamás lo dudaría. Y tantas veces se me pierde la vista en los árboles que seguro también los he visto.
Besoss.