Miré por el visor. Apunté con precisión. No me tembló el pulso. Mi arma estaba cargada. Un solo disparo. ¡Ahora! Cuando pulsé el botón fue el ruido del obturador, en vez de el de una bala, el que sonó. Permití, así, que otros pudieran, como yo, embelesarse con su majestuoso vuelo. Estoy seguro que ella me lo agradeció desplegando sus preciosas alas justo encima de mí. Viva la vida.

Cámara: Nikon F65 Tamron 28-200 mm.
Fotografía: Datos desconocidos
Lugar: Ávila (Castilla-León)