Miré por el visor. Apunté con precisión. No me tembló el pulso. Mi arma estaba cargada. Un solo disparo. ¡Ahora! Cuando pulsé el botón fue el ruido del obturador, en vez de el de una bala, el que sonó. Permití, así, que otros pudieran, como yo, embelesarse con su majestuoso vuelo. Estoy seguro que ella me lo agradeció desplegando sus preciosas alas justo encima de mí. Viva la vida.
Cámara: Nikon F65 Tamron 28-200 mm.
Fotografía: Datos desconocidos
Lugar: Ávila (Castilla-León)

olas, como tamos?
m e presentao a un concurso de relatos...esta en mi blog...lo lees y m votas? gracias
1 saludo!
VIVA LA VIDA!!!
Seguro que ella posó para vos. Como siempre... preciosa imagen!!! Un regalo para los ojos.
Saludosss.
Qué buena puntería tuviste con el disparo para captar tan bonita imagen !!
Saludetes !!
Gracias, Mixelaneas y Galako. La verdad es que fue muy rápido todo: la vi aproximarse, tenía la cámara colgada, seguí su vuelo justo debajo de mí, apunté cuando la tenía más cerca y disparé casi sin pensar. Una de esas fotos que a Henri Cartier-Bresson le habría encantado, jeje.
Hola. Me encanta tú foto, pero también me gusta que pienses así. Es lo que le digo a un compañero que es cazador, "la diferencia entre tú y yo es que cuando yo disparo, la pieza sigue viva". Un saludo, te pondré entre mis amigos para visitarte de vez en cuando. ;-)