Aquél día que soñé pude ver el campo yermo de melancólicos pensamientos. Un viento arrullador mecía las resecas plantas que bailaban al compás del insoportable calor estival. Tras dos horas de ligera caminata vislumbré en la distancia un conglomerado de piedras apenas sujetas entre sí. Un leve camino casi invisible me invitaba a deslizarme hasta allí. Alrededor, sólo silencio. Enfrente, sólo recuerdos. Detrás, nada. Mis pisadas sonaban como ecos de un tiempo lejano, como los susurros de una tierra que cuchichea sobre mi llegada, sorprendida de ver vida otra vez sobre aquellos parajes olvidados. Cuando llegué a la torre no recuerdo exáctamente qué pasó. Sólo aquel sonido, aquella luz, aquel vacío.
Hoy duermo otra vez y, quizá, volveré a soñar. Paso las manos por mis ojos cerrados para comprobar que nada es realidad. "Esto no está pasando", resuena en la banda sonora de mis pensamientos oníricos. Pero algo me detiene. Me paro, alzo la mirada y la veo: otra vez la Torre del Olvido frente a mí. Sonrío sinceramente y me prometo: la próxima vez no se me olvidará llevame mi cámara de fotos. Por si acaso.

Cámara: Nikon D200. Sigma 18-200mm.
Fotografía: 18 mm. ISO 500. 1/8000. F5
Lugar: Castillo de Rochafría (Albacete)