Crecía débil entre un mar de fuertes y robustos árboles. Creía solitaria y modesta ante majestuosas ramas rebosantes de miles de compañeras, más altas, más verdes y más hermosas. Crecía anónima entre imponentes y amenazantes árboles erguidos como estatuas de madera. Crecía convencida de estar condenada al olvido... pero yo la hice protagonista e inmortal. Se lo merecía simplemente por ser tan pequeña.

Cámara: Nikon D200. Sigma 18-200mm.
Fotografía: 116 mm. ISO 800. 1/125. F5,6
Lugar: Jardín del Príncipe de Aranjuez (Madrid)