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"Espérame junto a la equis", le dijo justo antes de desaparecer por el bosque perdido. Y ella le esperó sin saber muy bien si obedecer o correr sin mirar atrás. Los rayos amenazantes; las nubes atormentadas; el viento traidor... Cuando pasaron cien años de silencio y soledad, ella regresó al lugar que abandonó demasiado pronto. La tierra se había marchitado, el agua la había desgajado y el viento la había moldeado. Sólo aquella inmensa roca sobre la que se despidieron seguía intacta, idéntica a como la recordaba, excepto por aquellas grietas que la habían partido hasta formar una enorme y triste equis gris. Desde entonces, en algunas noches melancólicas todavía puedo escuchar el susurro de su lamento, que también es el mío.
Cámara: Nikon D200. Sigma 18-200mm.
Fotografía. 22 mm. ISO 100. 1/80. F3,8.
Lugar: Cerro de los Almorchones, Castilla-La Mancha.




mixcelaneas dijo
Guauu, tus palabras me han dejado sin palabras.
Saludosss.
6 Septiembre 2008 | 10:14